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7.7.12

“El reino de los cielos es de los hombres sencillos” (Puche y Justina dialogan)

Puche dice:

—Hija mía, hija mía: la vida es triste, el dolor es eterno, el mal es implacable. En el ansioso afán del mundo, la inquietud del momento futuro nos consume. Y por él son los rencores, las ambiciones devoradoras, la hipocresía lisonjera, el anhelante ir y venir de la humanidad errabunda sobre la tierra. Jesús ha dicho: “Mirad las aves del cielo, que no siembran ni siegan, ni allegan en trojes; y vuestro Padre celestial las alimenta...” La humanidad perece en sus propias inquietudes. La ciencia la contrista; el anhelo de las riquezas la enardece. Y así, triste y exasperada, gime en perdurables amarguras.

Justina murmura en voz opaca:

—El cuidado del día de mañana nos hace taciturnos.

Puche calla un momento; luego añade:

—Las avecillas del cielo y los lirios del campo son más felices que el hombre. El hombre se acongoja vanamente. “Porque el día de mañana á sí mismo se traerá su cuidado. Le basta al día su propio afán.” La sencillez ha huido de nuestros corazones. El reino de los cielos es de los hombres sencillos. “Y dijo: En verdad os digo, que si no os volviereis é hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos.”

Los martillos de la vecindad cantan en sonoro repiqueteo argentino. Justina y Puche callan durante un largo rato. Luego Puche exclama:

—Hija mía, hija mía: el mundo es enemigo del amor de Dios. Y el amor de Dios es la paz. Mas el hombre ama las cosas de la tierra. Y las cosas de la tierra se llevan nuestra paz.
“Y aconteció que como fuesen de camino, entró Jesús en una aldea, y una mujer, que se llamaba Marta lo recibió en su casa.
”Y ésta tenía una hermana, llamada María, la cual también sentada á los pies del Señor oía su palabra.
”Pero Marta estaba afanada de continuo en las haciendas de la casa: la cual se presentó y dijo: Señor, ¿no ves cómo mi hermana me ha dejado sola para servir? Dile, pues, que me ayude.
”Y el Señor le respondió y dijo: Marta, Marta, muy cuidadosa estás y en muchas cosas te fatigas.
”En verdad una sola es necesaria. María ha escogido la mejor parte, que no le será quitada.”


[Puche, viejo clérigo de cenceño cuerpo y cara escuálida, dialoga con su sobrina Justina, moza fina y blanca, novia de Azorín (Antonio), aunque no por mucho tiempo, ya que Justina elegirá entrar en religión.]
José Martínez Ruiz [futuro Azorín], La voluntad  [1902]
Edición de E. Inman Fox
Madrid: Clásicos Castalia (Narrativa siglo XX), 2010

3 comentarios:

Yolanda dijo...

Qué gran cabeza tenía Galdós, cuánto nos puede enseñar hoy a través de sus personajes... Los funcionarios despertamos hoy las iras de muchos (qué bien lo han hecho nuestros jefes, menudo márketing...) pero en aquella época se la jugaban según quien gobernara, por eso el protagonista, hombre íntegro y cabal, no encuentra más salida que el suicidio. Ése es su premio por mantenerse fiel a sus principios. Debería haber aprendido de Groucho Marx, como hacen tantos hoy día: "Estos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".
Un saludo.

Luis Valdesueiro dijo...

Desde luego, se trata de una novela memorable, que a pesar del tiempo transcurrido mantiene su vigencia.
Un saludo.

Luis Valdesueiro dijo...

NOTA:
Debido a un error aparecen aquí estos comentarios que corresponden al texto de Galdós sobre Villaamil.
El texto de Azorín lo inserté el 29 de agosto y apareció aquí sin saber por qué(y ese es el error, que sin duda también tendrá su lógica, como todo, lo mejor y lo peor). Y para evitar males mayores, aquí lo dejo, una vez explicado el busilis.

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