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29.3.11

Budhi-Dhorma y “Paradiso” [Notas…] (6) “¿Lo que más admiro de un escritor?”

José Lezama Lima

Budhi-Dhorma vive presa del desasosiego en los últimos tiempos. La mudanza de los días no le aquieta. El sol esplendente le oprime tanto como la llovizna insulsa. Pese a todo, y visto desde fuera, su semblante irradia paz. Misterio de las almas. En momentos así, el quehacer de Budhi-Dhorma se vuelve nada. Misterios de su ser: si unas veces se eleva hasta lo indecible, otras se hunde hasta lo insufrible. Con su dolor, Budhi-Dhorma repta; con su entusiasmo, vuela… Pero siempre, al volver a la regla de los días, nota que le falta el sentido de las cosas, que enmudece su entusiasmo. Pero no es Budhi-Dhorma hombre que olvide sus promesas, por más que le apremie la pereza. Nunca olvida una promesa, aunque la incumpla. Así es Budhi-Dhorma: incluso sus olvidos recuerda.

Esta tarde Budhi-Dhorma siente su alma desvencijada y levemente cruda. Mira por la ventana, y una luz mortecina y gris le duele en la mirada. Las nubes movedizas se amotinan con oscura tristeza allá en lo alto. A través de la ventana, Budhi-Dhorma siente la desolación del plátano sin hojas, de cuyas ramas penden gotas de lluvia. Adivina afuera una tristeza que le nace dentro. Al fin y al cabo, así piensa Budhi-Dhorma, lo que vemos es espejo de lo que somos; nuestra tristeza nos lleva a ver tristeza en lo que vemos; nuestra alegría alegra cuanto nos rodea; nuestro amor enamora las horas y los días... Y nuestro silencio… ordena callar al mundo.

Budhi-Dhorma está triste, con la torva tristeza de los seres vencidos por la vida, derrotados por el peso de los días, marcados por el estigma de la nada. Quizás mañana el día se vuelva soleado y anuncie primavera, quizás mañana el espíritu sombrío de Budhi-Dhorma destile novísima alegría.

Hoy, casualmente, Budhi-Dhorma ha tropezado con una pregunta sobre lo que más admira en un escritor, a la que Lezama da cumplida respuesta: Que maneje fuerzas que le arrebaten, que parezcan que van a destruirlo. Que se apodere de ese reto y disuelva la resistencia. Que destruya el lenguaje y que cree el lenguaje. Que durante el día no tenga pasado y por la noche sea milenario. Que le guste la granada, que nunca ha probado, y que le guste la guayaba que prueba todos los días (¿o al revés?, supone Budhi-Dhorma). Que se acerque a las cosas por apetito y que se aleje por repugnancia.

Budhi-Dhorma queda perplejo. Mientras leía tales frases sentía que le arrastraba un vendaval, o que un duende le soplaba al oído secretos difusos. Hay que ser un poeta, un verdadero creador, sospecha Budhi-Dhorma, para que esas frases alcancen su sentido. Solo un poeta sería capaz de ser el caballo y el jinete; solo un poeta podría sentir y pensar lo sentido; solo un poeta desvelaría las sombras; solo un poeta humillaría a la nada; solo un poeta... O Dios.

[4/3/11]

¿Continuará?

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